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Horemheb, Rey de Egipto (1333-1305 a.C.)

 

 

 

(Hr-m-hb) Último rey de la XVIII dinastía egipcia, sucesor de Ay en el trono. Quizá fue originario de una familia noble de Hutnesut, metrópoli del nomo 18 del Alto Egipto, y comenzó su carrera como militar, alcanzando el grado de general bajo Akhenatón (Amenofis IV) en justo premio a sus brillantes campañas de Palestina, que le granjearon gran fama. Inició su carrera política bajo Tutankhamón y progresivamente fue adquiriendo cargos y honores hasta alcanzar el trono egipcio (con ayuda del clero de Amón) a la muerte de Ay, personaje que, casado con Ankhesenpaatón, viuda de Tutankhamón, no había tenido descendencia de ésta. Su legitimidad al trono le vino dada por la princesa Mut-nedjemet, probablemente hija de Ay y cuñada de Akhenatón, a la que tomó por esposa. Una inscripción en una doble estatua, conocida como Estatua de la coronación (de granito y de 1,29 cm de altura, hoy en el Museo de Turín) ha transmitido, aunque fragmentariamente, la ceremonia de su entronización en Tebas, y en la que, con el nombre de coronamiento de Djserkheperure Setepenre, figura su futuro programa político. Al comienzo de su reinado, y tras perseguir la memoria de Ay y apartar de la milicia al general Nakhtmin, cuyo recuerdo también intentó eliminar y con quien había mantenido fuertes tensiones políticas, promulgó un Decreto que grabó en una gran Estela hallada en el décimo pilono de Karnak, instrumento jurídico tendente a cortar el abuso de magistrados, soldados y funcionarios de hacienda. Asimismo, reestructuró el poder religioso y volvió a la más escrupulosa ortodoxia del culto a Amón y controlando la economía de los templos. Incluso la cronología de su reinado la hizo comenzar a partir de Amenofis III, intentando así suprimir el período amarniense. Asimismo, desmanteló buena parte de las construcciones de Akhenatón, reemplazó el nombre de Tutankhamón en las estatuas y monumentos de este faraón por el suyo propio y se esforzó en borrar el recuerdo tanto del joven faraón como el de su sucesor Ay. También la milicia, a la que concedió gran importancia (los militares participaron en los tribunales de justicia), fue regulada y dividida en dos grandes áreas coincidentes con el Alto y el Bajo Egipto. En política exterior, Horemheb fue consciente del poder real de su país y no entabló luchas de conquista, sino que controló la influencia egipcia en Siria (luchas contra las tropas hititas de Mursilis II), Palestina y Fenicia. Horemheb realizó notables construcciones, destacando entre ellas las de Karnak (sala hipóstila del templo de Amón, serie de tres pilonos), las de Nubia (speos en Gebel Silsileh y en Gebel Adde), o las de Menfis (recinto de Ptah). Al no haber tenido heredero que le sobreviviese -su esposa Mut-nedjemet había tenido trece embarazos fallidos y había muerto a consecuencia de un parto, y de Imenia tampoco los había tenido-, Horemheb transmitió el poder a otro militar originario del delta, llamado Rameses. Horemheb se hizo enterrar no en la tumba que se había comenzado a construir en Saqqara cuando era general y en la que se sepultó a Mut-nedjemet -tumba redescubierta en 1975-, sino en una que preparó después en el Valle de los Reyes, dotándola de ricos relieves policromados y de un magnífico sarcófago de granito rojo. Se ignora el número de años que reinó, a pesar de tenerse referencias a un año vigésimo séptimo de gobierno.